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abro la ventana y entra

la algarabía de la calle cinco pisos abajo graznidos

cortos y espasmódicos graznidos

chirriantes como las patas de una silla arrastrada por el piso

graznidos desbordados de rabia graznidos

que el miedo empuja de sus gargantas al aire

entre los uniformes caqui militares que los arrastran de un ala por la calle

de una pata graznidos

alborotados atiborrados en la tanqueta

rumbo a la Permanente

donde según cuentan los despluman y bañan con manguera

ante los ojos hambrientos de las bestias

mientras ellos tratan de cubrirse con sus alas flacas de piel pálida

con los ojos llorosos graznidos

y el pico apretado hasta el quiebre bajo los chorros de agua

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