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eso cerrado

como cualquier otro sol del universo

aparenta movimiento cuando en realidad es fijo

Karl-Maria Kertbeny lo dudó e intentó moverlo

al ofrecer una división de la especie humana 

en dos nuevas categorías

heterosexuales y homosexuales

 

bajo la mirada rasgada y maliciosa

del académico y del jornalero se refirió a la belleza

del cuerpo masculino y al amor entre hombres

que él profesaba

pero del que quizá poco sabía Krafft-Ebing

quien se apresuró pocos años después a apoyar la tesis de Kertbeny

pero aclarando

que una de esas tendencias naturales era sana

la otra patológica y el sol

volvió a ovillarse en su sitio

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