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meses atrás empecé a notar al afeitarme

una mirada de desprecio  

sobre las dos cicatrices

que tengo en los ángulos de mi quijada

─por ahí entraron

levantaron, removieron, injertaron─

 

¿qué pasaría si ahora yo rasgara

si levantara y quitara?

lo pienso cada vez que  toco la piel queloide y reptil

su impreciso límite con el resto de mi piel

¿se desbarataría el entramado

de injertos, cartílagos, hueso

la arquitectura de quirófano que levantó pómulos

y paladar?

 

desprendimientos de glaciar y finalmente

 

su cara

 

   desollada

   sin pómulos y chata

para que ambos podamos verla

y entonces sea él el que cruce las calles

el que regatee en el mercado

y el que lidie con sus reflejos en la ciudad

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