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Seremos el exceso y lo que nos excede, los del placer desbordado por girar y girar y girar hasta cagarnos en los pantalones con los brazos atados a las espaldas, los que nos miramos por horas las venas bajo la piel de los brazos como si fuera una telaraña que alguien hubiera tendido en la noche por nuestro cuerpo; nuestro cuerpo tan distante de nosotros los que nos quedamos con la frente pegada a la pared o sentados meciéndonos hasta el fin de los tiempos, tan en otra parte lejana, descentrados del eje que nos mueve por el espacio, parcelados, divididos, nuestros trozos, el rompecabezas que vestimos cada mañana y del que van cayendo piezas mientras caminamos por el margen a lo largo del día.

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