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  me toco los ángulos de mi quijada, los pómulos, el mentón; intento conocerme, reconocerme; recomponer la casa con las cenizas que dejó el incendio

   ver manos

  en las noches oigo los pasos de los vecinos en los pisos superiores, el gorjeo de las palomas que duermen en la azotea, y en mi cabeza se produce la aparición gris de un arriba y con el arriba un techo, un espacio; y de repente peso; bienaventurados los que ven el cielo pues de ellos será el reino de la realidad; ahora el cielo es el pájaro que pasa, el siseo de las hojas en los árboles, el golpe del trueno

   me dijo que le aterraba poder estar detrás de mi silla sin que yo lo supiera

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