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  algunos días siento que he sido expulsado del mundo; pero no es así, sigo en él, solo que se ha reducido al sonido, al tacto, al olor y a esa fuerza brumosa que poco a poco he aprendido a reconocer, que rodea a la gente y las cosas y delata su desplazamiento o su reposo; no he sido expulsado del mundo, he sido exiliado a un cuarto de ventanas tapiadas

   ver los muros blancos cuando los arreboles del cielo los enrojecen

   las voces de los otros irrumpen en mi ceguera como flechas de fuego en medio de la noche; resplandecen y develan las personalidades que la ceguera cubre; un cambio en el tono, un carraspeo, un temblor apenas audible reemplazan ahora la duda de una mirada, el movimiento intranquilo de unas manos

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  los últimos meses a su lado aprendí a reconocer capas y profundidades variables en el silencio

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