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  Te encuentran detrás de la iglesia y te llevan con el cura a ver si entiende qué animal es este que llora como humano y mira como humano. Obras del Demonio, que se divierte alterando las obras de Dios, explica el cura. Algún creyente ofrece un cuchillo y su mano para ponerle fin al asunto, pero el cura, misericordioso, explica que aún los seres más abyectos y depravados, como tú, Julia, existen con el permiso de Dios y que tu presencia habrá de servir para que hombres y mujeres recuerden que el Diablo se para en dos patas y sigue entre nosotros. Luego pide que te lleven a cualquier otro sitio, pues la casa de Dios no es lugar para seres de esa clase.

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